jueves, 31 de diciembre de 2009

Dos mil diez

Al parecer, seguiremos siendo unos animales todos. Animales que tienen el don de hablar, pero, algunas veces, no pensar antes de hacerlo. Animales somos todos. ¿Animales pensantes? Más bien hablantes, después pensantes.
Siento la necesidad de despotricar contra nosotros, los humanos. Siempre la siento. Aun más en ocasiones que, para la mayoría de gente, son importantes (llámese Año Nuevo, Navidad, etc, etc.). El ser humano descontento aflora en mí, de repente. Ya perdí toda la esperanza en nosotros. Quizás porque vivo rodeada de gente que deja mucho que desear. Quizás estoy descontenta conmigo misma, por eso lo proyecto hacia otras personas. Quizás así se siente el proceso de maduración. Me siento en un saco, sin huecos para respirar, mientras todos, la gente, hace su vida normal, fuera del saco. Por esa razón, se me viene la sensación de detestar a todos, por no darme aire, por no abrir huecos para poder respirar. Debo dejar de patear el saco donde estoy, de pelear y detestar a los demás, debo de dejar de gastar el poco oxígeno que me queda, hasta no sé cuándo, en patear el saco, en ahogarme a mí misma. Debo calmarme, porque de esta nadie me sacará. Solo yo puedo ayudarme a soportar este escenario.

2 comentarios:

Valery Mariano Lavajos Rabanal dijo...

Quizás muchos quizás. O quizás estar dentro del saco no te permite apreciar que los demás también están dentro de uno, pero que para ellos es normal. Tal vez ellos ni piensan en respirar, ni siquiera patalean.
Quizás...

ab dijo...

Tú lo dijiste: quizás