Tarde vacía en el corazón. La susceptibilidad camina hasta mí. Débil. Niña indefensa.
Remolino de cristales amargos y punzantes. Manos sin dueño. Vientos huracanos cargados de desasosiego.
No te quiebres. No. Si lo haces, no verías razón alguna de seguir siendo la invitada en esta fiesta incoherentemente absurda. Mis manos de hierro aguardan bajo mi semblante gris. Sirenas que realizan cánticos a la muerte con sonrisas de caramelo. Sirenas que embelesan a la muerte; ésta sonríe y deja ver sus dientes putrefactos.
miércoles, 11 de agosto de 2010
lunes, 9 de agosto de 2010
Alud carmesí, círculos carnosos que se lanzan al suicidio
Tibia marea que adolece el origen
Marea de fuego, despierta furiosa de su sueño de luna
Avalancha sucia del color de un atardecer que penetra sutilmente la garganta
La matriz derrama lágrimas dolorosas perpetuas que besan nubes precarias
Reproduce el sollozo punzante de Venus. Sus gemidos incisivos justifican el dolor
Dolores venusianos. Honor y maldición
Tibia marea que adolece el origen
Marea de fuego, despierta furiosa de su sueño de luna
Avalancha sucia del color de un atardecer que penetra sutilmente la garganta
La matriz derrama lágrimas dolorosas perpetuas que besan nubes precarias
Reproduce el sollozo punzante de Venus. Sus gemidos incisivos justifican el dolor
Dolores venusianos. Honor y maldición
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