Tarde vacía en el corazón. La susceptibilidad camina hasta mí. Débil. Niña indefensa.
Remolino de cristales amargos y punzantes. Manos sin dueño. Vientos huracanos cargados de desasosiego.
No te quiebres. No. Si lo haces, no verías razón alguna de seguir siendo la invitada en esta fiesta incoherentemente absurda. Mis manos de hierro aguardan bajo mi semblante gris. Sirenas que realizan cánticos a la muerte con sonrisas de caramelo. Sirenas que embelesan a la muerte; ésta sonríe y deja ver sus dientes putrefactos.
miércoles, 11 de agosto de 2010
lunes, 9 de agosto de 2010
Alud carmesí, círculos carnosos que se lanzan al suicidio
Tibia marea que adolece el origen
Marea de fuego, despierta furiosa de su sueño de luna
Avalancha sucia del color de un atardecer que penetra sutilmente la garganta
La matriz derrama lágrimas dolorosas perpetuas que besan nubes precarias
Reproduce el sollozo punzante de Venus. Sus gemidos incisivos justifican el dolor
Dolores venusianos. Honor y maldición
Tibia marea que adolece el origen
Marea de fuego, despierta furiosa de su sueño de luna
Avalancha sucia del color de un atardecer que penetra sutilmente la garganta
La matriz derrama lágrimas dolorosas perpetuas que besan nubes precarias
Reproduce el sollozo punzante de Venus. Sus gemidos incisivos justifican el dolor
Dolores venusianos. Honor y maldición
miércoles, 14 de julio de 2010
Me doy plazo hasta los treinta
Me doy tiempo hasta esa edad para verificar si mi alma está destinada a quedarse por aquí.
Si sigo arrastrando la misma maleta pesada, tendré que abrirla, sacar las mariposas de plomo y convertirlas en polillas.
Si sigo arrastrando la misma maleta pesada, tendré que abrirla, sacar las mariposas de plomo y convertirlas en polillas.
sábado, 12 de junio de 2010
Dormir dentro de un saco cálido de plumas que pican
La necesidad de desvariar echada
Cerrar los ojos; caminar imaginariamente
Mariposas de carne que baten sus alas intempestivamente
Coloridas, inertes, aterciopeladas. Cansadas. Libélulas inseguras
Soñar montañas pecosas con soles color esmeralda. Llevan espejos
Hablan y reproducen poesía con voz femenina. Seda fonética
La necesidad de desvariar echada
Cerrar los ojos; caminar imaginariamente
Mariposas de carne que baten sus alas intempestivamente
Coloridas, inertes, aterciopeladas. Cansadas. Libélulas inseguras
Soñar montañas pecosas con soles color esmeralda. Llevan espejos
Hablan y reproducen poesía con voz femenina. Seda fonética
domingo, 28 de marzo de 2010
Mi interior se retrae hasta sangrar las últimas gotas de mi buen ánimo, gimo. Mi garganta sale a dar la pelea. La saliva se niega a pasar por ella, si no es con dificultad. Mientras tanto, mis ovarios queman, chillan como los bebés cuando quieren leche materna. Empiezan a burbujear, a contraerse. "No estoy de humor, éste no es el momento" repito infinidad de veces a mí misma. Mis ojos cierran y abren sus cortinas al mundo. "Tranquilidad, sí?" me dice una amiga. No me calmo. Nunca me he calmado. La desesperación es mi conviviente. A veces no lo noto, sin embargo, está ahí. Escondiéndose detrás de las puertas, pasando atrás de mí de puntillas, esperando a que yo salga de mi cuarto para inmiscuirse en mis escritos pasados para así tomarlos y hacérmelos revivir cuando se le antoje. Soy independiente de él, pero, a la vez, estoy a su merced.
domingo, 14 de marzo de 2010
Embadurnada de preguntas
Echada, en mi cama, boca abajo, y con los pies levantados dejo que me lleve mi imaginación
Me entrego al viento de la madrugada que sopla y acaricia mis pies de forma dulce, maternal
Me envuelve en su fresca capa. Oigo a mi gato maullar. Ahora está rascando la puerta con sus pequeñas garras.
Quiere atención. En el fondo, somos así. Estoy delirando. Abro los ojos y veo figuras multicolores amorfas que cambian. Veo un pozo que no tiene fin. Estoy cayendo en él. Los cierro y los siento apretados, oscuros. ¿Así será la muerte?¿Así se sentirá? No puedo respirar. Sin embargo, me rehúso a moverme. Trato de aspirar el aire caliente con olor a mi almohada. Trato de ya no tragar saliva. "Será como una muerte a escala menor" pienso.
Me entrego al viento de la madrugada que sopla y acaricia mis pies de forma dulce, maternal
Me envuelve en su fresca capa. Oigo a mi gato maullar. Ahora está rascando la puerta con sus pequeñas garras.
Quiere atención. En el fondo, somos así. Estoy delirando. Abro los ojos y veo figuras multicolores amorfas que cambian. Veo un pozo que no tiene fin. Estoy cayendo en él. Los cierro y los siento apretados, oscuros. ¿Así será la muerte?¿Así se sentirá? No puedo respirar. Sin embargo, me rehúso a moverme. Trato de aspirar el aire caliente con olor a mi almohada. Trato de ya no tragar saliva. "Será como una muerte a escala menor" pienso.
jueves, 4 de marzo de 2010
Ayer
El sentimiento brumoso que siempre regresa.
El sentimiento que se aprovecha de mi vulnerabilidad.
El sentimiento odioso, cargado con pequeñas navajas, microscópicas.
El sentimiento que produce silencio externo.
El sentimiento que corroe todos los buenos recuerdos.
El sentimiento que me delata.
El sentimiento que me obliga a ver, sentir y a respirar el mundo es su estado desnudo.
El sentimiento que, al principio, odio porque se adentra tanto que ya no tengo más alternativa que
amarlo, debido a que ya no puedo odiar más.
El sentimiento que me somete.
El sentimiento que, con sus decenas de látigos inclementes, me azota innumerables veces.
No existe solución para cesarlo ni mucho menos para eliminarlo. Soy su esclava.
Soy la propia esclava de mi interior.
Cada época es diferente: unas tienen la característica de poseer una atmósfera más cargada; otras, el poder de convertirme en un ser, mentalmente, vegetal; de ahogarme; de desear automutilarme; de embarrarme con hechos pasados, presentes y/o futuros.
Yo solo puedo sentarme en una esquina oscura. Respirando y paciente, como todas las épocas.
El sentimiento que se aprovecha de mi vulnerabilidad.
El sentimiento odioso, cargado con pequeñas navajas, microscópicas.
El sentimiento que produce silencio externo.
El sentimiento que corroe todos los buenos recuerdos.
El sentimiento que me delata.
El sentimiento que me obliga a ver, sentir y a respirar el mundo es su estado desnudo.
El sentimiento que, al principio, odio porque se adentra tanto que ya no tengo más alternativa que
amarlo, debido a que ya no puedo odiar más.
El sentimiento que me somete.
El sentimiento que, con sus decenas de látigos inclementes, me azota innumerables veces.
No existe solución para cesarlo ni mucho menos para eliminarlo. Soy su esclava.
Soy la propia esclava de mi interior.
Cada época es diferente: unas tienen la característica de poseer una atmósfera más cargada; otras, el poder de convertirme en un ser, mentalmente, vegetal; de ahogarme; de desear automutilarme; de embarrarme con hechos pasados, presentes y/o futuros.
Yo solo puedo sentarme en una esquina oscura. Respirando y paciente, como todas las épocas.
jueves, 25 de febrero de 2010
3 de la madrugada, con las luces apagadas
A : ¿Por qué no crees en Dios?
L : Porque no me recogió, aún cuando se lo rogaba.
En la oscuridad, siempre sale a flote la verdad.
L : Porque no me recogió, aún cuando se lo rogaba.
En la oscuridad, siempre sale a flote la verdad.
martes, 23 de febrero de 2010
Amor de muerte
Cada vez que sus padres entraban a su cuarto y la veían durmiendo, siempre hacia la pared, nunca mirando hacia la puerta, su madre le acariciaba los cabellos, mientras repetía el nombre de su última hija. Le pasaba el brazo por los hombros y tocaba, con los dos dedos, su cuello para tomarle el pulso. A diferencia de su padre, que solo atinaba a cerrar la puerta para darle final.
sábado, 20 de febrero de 2010
¿Sábado de verdades?
Ninguna persona es enteramente feliz. Es solo un estado pasajero. En cambio, la tristeza está siempre ahí, al acecho; esperando a que la primera termine de manifestarse para apoderarse de tu estado de ánimo. La tristeza posee varios niveles, pero, en esencia, es lo mismo. Sólo una persona que se miente (y de qué manera) a sí misma puede ser feliz. Para ellas, mientras más se mientan, la caída será más precipitosa. Para algunos, me incluyo, la tristeza se puede convertir en ansiedad. Ése es el estado más peligroso. Te lleva a lugares insospechados, fríos, crudos, donde habitan los pensamientos más desesperados; ésos que quieren salir a respirar en la oscuridad, mientras tú te ahogas en ellos. El truco para soportarlos es seguir respirando. Saberlos llevar y esperar no fracasar en el intento.
Estamos solos aquí y nadie nos ayudará.
Estamos solos aquí y nadie nos ayudará.
jueves, 18 de febrero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
No me gusta la luz
La luz me cohíbe, me encierra. Es la sonrisa falsa al ver a un conocido no tab apreciado. Es estar triste y no demostrarlo. Es ponerse la máscara de todo está bien. Me siento falsa con la luz. Al entrar a un cuarto oscuro y solo prender una vela, puedo ser yo misma. Sin máscaras. Sin sonrisas falsas. Sin mentiras. Me doy cuenta que la razón por la cual me gusta la oscuridad es porque me aterra la idea de que me vean, qué soy, qué es lo que pienso. De repente soy temerosa. De repente soy débil y no puedo defender mis ideas, mis pensamientos. Sea cual sea la razón, me siento cómoda así. Mi verdadero yo se manifiesta al cerrar las ventanas y la puerta. Le expreso mi sentimiento de incomodidad a la luz diurna. Y ella entiende. Cierro mis cortinas. Cierro todas las ventanas que dan hacia el exterior, hacia lo real. Me encierro en mi mundo, en el que no existe la luz. Tal vez un par de velas. Pero eso es todo. Desearía bloquear todos los sonidos del mundo al entrar a mi espacio; sin embargo, es imposible. Los sonidos exteriores me aturden, me desesperan, me ponen de mal humor, me absorben la vida. Al menos puedo contentarme en jugar el papel de una especie de Dios en mi espacio: que no se haga la luz.
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