martes, 23 de febrero de 2010

Amor de muerte

Cada vez que sus padres entraban a su cuarto y la veían durmiendo, siempre hacia la pared, nunca mirando hacia la puerta, su madre le acariciaba los cabellos, mientras repetía el nombre de su última hija. Le pasaba el brazo por los hombros y tocaba, con los dos dedos, su cuello para tomarle el pulso. A diferencia de su padre, que solo atinaba a cerrar la puerta para darle final.

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