Echada, en mi cama, boca abajo, y con los pies levantados dejo que me lleve mi imaginación
Me entrego al viento de la madrugada que sopla y acaricia mis pies de forma dulce, maternal
Me envuelve en su fresca capa. Oigo a mi gato maullar. Ahora está rascando la puerta con sus pequeñas garras.
Quiere atención. En el fondo, somos así. Estoy delirando. Abro los ojos y veo figuras multicolores amorfas que cambian. Veo un pozo que no tiene fin. Estoy cayendo en él. Los cierro y los siento apretados, oscuros. ¿Así será la muerte?¿Así se sentirá? No puedo respirar. Sin embargo, me rehúso a moverme. Trato de aspirar el aire caliente con olor a mi almohada. Trato de ya no tragar saliva. "Será como una muerte a escala menor" pienso.
domingo, 14 de marzo de 2010
jueves, 4 de marzo de 2010
Ayer
El sentimiento brumoso que siempre regresa.
El sentimiento que se aprovecha de mi vulnerabilidad.
El sentimiento odioso, cargado con pequeñas navajas, microscópicas.
El sentimiento que produce silencio externo.
El sentimiento que corroe todos los buenos recuerdos.
El sentimiento que me delata.
El sentimiento que me obliga a ver, sentir y a respirar el mundo es su estado desnudo.
El sentimiento que, al principio, odio porque se adentra tanto que ya no tengo más alternativa que
amarlo, debido a que ya no puedo odiar más.
El sentimiento que me somete.
El sentimiento que, con sus decenas de látigos inclementes, me azota innumerables veces.
No existe solución para cesarlo ni mucho menos para eliminarlo. Soy su esclava.
Soy la propia esclava de mi interior.
Cada época es diferente: unas tienen la característica de poseer una atmósfera más cargada; otras, el poder de convertirme en un ser, mentalmente, vegetal; de ahogarme; de desear automutilarme; de embarrarme con hechos pasados, presentes y/o futuros.
Yo solo puedo sentarme en una esquina oscura. Respirando y paciente, como todas las épocas.
El sentimiento que se aprovecha de mi vulnerabilidad.
El sentimiento odioso, cargado con pequeñas navajas, microscópicas.
El sentimiento que produce silencio externo.
El sentimiento que corroe todos los buenos recuerdos.
El sentimiento que me delata.
El sentimiento que me obliga a ver, sentir y a respirar el mundo es su estado desnudo.
El sentimiento que, al principio, odio porque se adentra tanto que ya no tengo más alternativa que
amarlo, debido a que ya no puedo odiar más.
El sentimiento que me somete.
El sentimiento que, con sus decenas de látigos inclementes, me azota innumerables veces.
No existe solución para cesarlo ni mucho menos para eliminarlo. Soy su esclava.
Soy la propia esclava de mi interior.
Cada época es diferente: unas tienen la característica de poseer una atmósfera más cargada; otras, el poder de convertirme en un ser, mentalmente, vegetal; de ahogarme; de desear automutilarme; de embarrarme con hechos pasados, presentes y/o futuros.
Yo solo puedo sentarme en una esquina oscura. Respirando y paciente, como todas las épocas.
jueves, 25 de febrero de 2010
3 de la madrugada, con las luces apagadas
A : ¿Por qué no crees en Dios?
L : Porque no me recogió, aún cuando se lo rogaba.
En la oscuridad, siempre sale a flote la verdad.
L : Porque no me recogió, aún cuando se lo rogaba.
En la oscuridad, siempre sale a flote la verdad.
martes, 23 de febrero de 2010
Amor de muerte
Cada vez que sus padres entraban a su cuarto y la veían durmiendo, siempre hacia la pared, nunca mirando hacia la puerta, su madre le acariciaba los cabellos, mientras repetía el nombre de su última hija. Le pasaba el brazo por los hombros y tocaba, con los dos dedos, su cuello para tomarle el pulso. A diferencia de su padre, que solo atinaba a cerrar la puerta para darle final.
sábado, 20 de febrero de 2010
¿Sábado de verdades?
Ninguna persona es enteramente feliz. Es solo un estado pasajero. En cambio, la tristeza está siempre ahí, al acecho; esperando a que la primera termine de manifestarse para apoderarse de tu estado de ánimo. La tristeza posee varios niveles, pero, en esencia, es lo mismo. Sólo una persona que se miente (y de qué manera) a sí misma puede ser feliz. Para ellas, mientras más se mientan, la caída será más precipitosa. Para algunos, me incluyo, la tristeza se puede convertir en ansiedad. Ése es el estado más peligroso. Te lleva a lugares insospechados, fríos, crudos, donde habitan los pensamientos más desesperados; ésos que quieren salir a respirar en la oscuridad, mientras tú te ahogas en ellos. El truco para soportarlos es seguir respirando. Saberlos llevar y esperar no fracasar en el intento.
Estamos solos aquí y nadie nos ayudará.
Estamos solos aquí y nadie nos ayudará.
jueves, 18 de febrero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
No me gusta la luz
La luz me cohíbe, me encierra. Es la sonrisa falsa al ver a un conocido no tab apreciado. Es estar triste y no demostrarlo. Es ponerse la máscara de todo está bien. Me siento falsa con la luz. Al entrar a un cuarto oscuro y solo prender una vela, puedo ser yo misma. Sin máscaras. Sin sonrisas falsas. Sin mentiras. Me doy cuenta que la razón por la cual me gusta la oscuridad es porque me aterra la idea de que me vean, qué soy, qué es lo que pienso. De repente soy temerosa. De repente soy débil y no puedo defender mis ideas, mis pensamientos. Sea cual sea la razón, me siento cómoda así. Mi verdadero yo se manifiesta al cerrar las ventanas y la puerta. Le expreso mi sentimiento de incomodidad a la luz diurna. Y ella entiende. Cierro mis cortinas. Cierro todas las ventanas que dan hacia el exterior, hacia lo real. Me encierro en mi mundo, en el que no existe la luz. Tal vez un par de velas. Pero eso es todo. Desearía bloquear todos los sonidos del mundo al entrar a mi espacio; sin embargo, es imposible. Los sonidos exteriores me aturden, me desesperan, me ponen de mal humor, me absorben la vida. Al menos puedo contentarme en jugar el papel de una especie de Dios en mi espacio: que no se haga la luz.
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