sábado, 2 de abril de 2011

Sometimiento esperado

Me perdí otra vez. Salto de la absoluta y enfermiza rabia al compañero maldito, intermitente todos estos años, llamado dolor. Esa impulsividad de querer estallar mi cabeza en los casilleros de mi facultad, de atravesar mi puño derecho en una carpeta, de romperme casi todos los huesos del pie al patear una pared al azar.  El comportamiento errático en mí que algunos ven es solamente una triste y hedionda capa  que cubre  las otras en estado de putrefacción continua. El dolor físico, desgraciadamente, no se asemeja al emocional. Sin embargo, es una distracción y, la mayoría de veces, un placer que coquetea con lo mórbido. Debo confesar que este tipo de actos se ha convertido, a veces, en un placer, otras, en un castigo y, sobre todo, en una costumbre. Está en mi mente desde que me levanto por la mañana y se acentúa, como una llaga sin desinfectar, cuando estoy en mi habitación. Desde mi adolescencia sabía que algún día iba a llegar a esto. No estoy segura si este es mi verdadera manera de ser o es una etapa más. Solo sé que mientras pasan los días, me sorprendo de mis reacciones y de lo que merodea por mi cabeza. Pasé de avergonzarme por ello a someterme. Sin protestar, sin hablar, sin lanzar una mirada de auxilio.

martes, 29 de marzo de 2011

Esa etapa de mi vida terminó de manera agridulce. Trago vidrios. No escribiré al respecto por ahora. No estoy preparada. Estoy infinitamente rabiosa y herida.

martes, 18 de enero de 2011

Llorar en la ducha. Las lágrimas se confunden con las gotas de agua; las primeras se reconocen por el sabor salado que aterriza en mis labios. Aquí no hay protección: estoy descubierta. Me desagrada sentirme expuesta, aún más ahora que trato de distraerme, de evadir todos esos pensamientos que, intempestivamente, vomitan sin parar sobre mí. Húmeda, desnuda y propensa a ser víctima, otra vez, de mi rival de toda la vida: mi mente que grita de manera cruda y descontrolada. Atravieso gula mental involuntaria.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Volveré a acostarme

Tarde vacía en el corazón. La susceptibilidad camina hasta mí. Débil. Niña indefensa.
Remolino de cristales amargos y punzantes. Manos sin dueño. Vientos huracanos cargados de desasosiego.
No te quiebres. No. Si lo haces, no verías razón alguna de seguir siendo la invitada en esta fiesta incoherentemente absurda. Mis manos de hierro aguardan bajo mi semblante gris. Sirenas que realizan cánticos a la muerte con sonrisas de caramelo. Sirenas que embelesan a la muerte; ésta sonríe y deja ver sus dientes putrefactos.

lunes, 9 de agosto de 2010

Alud carmesí, círculos carnosos que se lanzan al suicidio
Tibia marea que adolece el origen
Marea de fuego, despierta furiosa de su sueño de luna
Avalancha sucia del color de un atardecer que penetra sutilmente la garganta
La matriz derrama lágrimas dolorosas perpetuas que besan nubes precarias
Reproduce el sollozo punzante de Venus. Sus gemidos incisivos justifican el dolor
Dolores venusianos. Honor y maldición

miércoles, 14 de julio de 2010

Me doy plazo hasta los treinta

Me doy tiempo hasta esa edad para verificar si mi alma está destinada a quedarse por aquí.
Si sigo arrastrando la misma maleta pesada, tendré que abrirla, sacar las mariposas de plomo y convertirlas en polillas.

sábado, 12 de junio de 2010

Dormir dentro de un saco cálido de plumas que pican
La necesidad de desvariar echada
Cerrar los ojos; caminar imaginariamente
Mariposas de carne que baten sus alas intempestivamente
Coloridas, inertes, aterciopeladas. Cansadas. Libélulas inseguras
Soñar montañas pecosas con soles color esmeralda. Llevan espejos
Hablan y reproducen poesía con voz femenina. Seda fonética